Victor & Sandra
Los votos
Para abrir en el momento de los votos
Y ahora llegamos a un momento que, para mí, es probablemente el más importante de toda la ceremonia.
Hasta ahora hemos hablado mucho de vuestra historia. Hemos hablado de cómo os conocisteis, de las circunstancias un poco improbables de ese primer encuentro, de los kilómetros que habéis recorrido, de los momentos en los que estar juntos no era tan fácil y de todas las personas que han compartido una parte de vuestro camino.
Pero lo que significa realmente estar juntos, lo que habéis aprendido el uno del otro y lo que queréis construir a partir de hoy, eso solamente lo podéis contar vosotros.
Y por eso ahora quiero dejaros la palabra. Simplemente para que os digáis el uno al otro, delante de todas las personas que habéis elegido tener aquí hoy, aquellas cosas que quizá no siempre encontramos el tiempo de decirnos en la vida cotidiana.
Intercambio de las alianzas
Victor, Sandra, hoy habéis compartido con nosotros vuestra historia y vuestras promesas.
Ahora es el momento de dar a estas palabras una forma visible y tangible.
Estas alianzas no son simples anillos. Son el símbolo del vínculo que hoy elegís llevar con vosotros durante el resto de vuestra historia.
Desde hoy, las llevaréis en cada instante de vuestro viaje: en los momentos más felices, en vuestras extraordinarias aventuras alrededor del mundo, pero también en los momentos más difíciles, para recordaros que no estáis solos. Estarán presentes en la rutina de cada día, cuando os quedéis dormidos escuchando el piano o cuando os cojáis de la mano en el sofá.
Cada vez que miréis este anillo, recordaréis este día, vuestras promesas y la decisión que habéis tomado hoy: seguir eligiéndoos, día tras día.
Sandra, con este anillo, ante nuestros seres queridos, te prometo amarte y hacer de cada día una aventura.
Te elijo en los buenos y en los malos momentos, con la certeza y la alegría de saber que estaremos apasionadamente enamorados, para toda la vida.
Victor, con este anillo, pongo un sello a lo que siempre hemos sido.
Esta es mi promesa de futuro, de una vida juntos, de amor y de aventura.
Te elijo hoy y siempre, y te prometo amor en cada detalle, diciendo siempre: «Dime dónde te duele, para quererte más ahí».
El ritual del olivo
Hay un último gesto que queremos hacer hoy juntos.
Hemos elegido un olivo.
Y no es una elección casual.
Porque, cuando pienso en la historia de Sandra y Victor, pienso en un árbol que ha tenido que aprender a crecer en condiciones que no siempre han sido fáciles.
Porque un olivo puede crecer en tierras difíciles. Puede resistir el calor, la sequía, el paso del tiempo. Pero resistir no es suficiente.
Para crecer, también necesita cuidado. Necesita agua, necesita atención, necesita que alguien se ocupe de él.
Y creo que eso también es vuestro amor.
No solamente la capacidad de superar las dificultades, sino la decisión de cuidaros el uno al otro cada día.
Porque habéis aprendido que estar juntos no significa que todo sea fácil. Significa estar ahí también cuando no lo es.
Y hay otra cosa que me gusta de este árbol.
Un olivo no siempre crece recto.
Para buscar la luz y alcanzar el sol, tiene que encontrar su propio camino.
Y quizá ese sea también un bonito deseo para vosotros:
que encontréis siempre vuestro propio camino, juntos, incluso cuando no sea el camino más fácil o más directo.
Y un árbol necesita raíces.
Las raíces lo mantienen firme cuando llega el viento. Le permiten crecer hacia arriba y, al mismo tiempo, permanecer unido a la tierra.
Y me gusta pensar que vuestro matrimonio será un poco así.
Tener raíces juntos no significa dejar de viajar, dejar de descubrir el mundo o dejar de cambiar.
Al contrario.
Significa tener un lugar al que volver.
Hoy, además, este árbol no va a crecer solamente en vuestra tierra.
La tierra que lo va a rodear viene de todos los lugares de los que habéis venido vosotros y de los que han venido las personas que están aquí hoy.
Cada una de estas tierras trae consigo una historia, un lugar, una vida.
Y todas ellas, diferentes entre sí, van a formar ahora un mismo suelo.
Porque vuestro amor os pertenece a vosotros dos.
Pero la vida que vais a construir juntos también estará hecha de las personas que habéis elegido tener cerca.
De vuestra familia.
De vuestros amigos.
De todas las personas que os han acompañado hasta aquí.
Así que hoy vais a plantar este olivo juntos.
Y quizá algún día crecerá en otro lugar. En una casa, en un jardín, en un sitio que todavía no conocéis.
Pero dondequiera que crezca, sus raíces podrán recordar este día.
El día en que Sandra y Victor decidieron seguir creciendo juntos.
Con sus propias raíces, sus propios sueños, y todo un mundo alrededor para acompañarlos.
Deseo
Sandra, Victor, hoy comienza una nueva parte de vuestra historia.
Victor, tú mismo me lo dijiste: amar a Sandra siempre ha sido una evidencia, reencontrarla siempre ha sido un alivio, y pasar tu vida a su lado es una aventura cotidiana.
Así que os deseo que nunca perdáis esa evidencia.
Que nunca perdáis ese alivio.
Y, sobre todo, que nunca perdáis el gusto por la aventura.
Y Sandra, me escribiste algo que me parece muy bonito para hablar de vuestra historia:
«Si tuviera que volver a empezar mi vida, no cambiaría nada; solo abriría un poco más los ojos».
Así que, para todos los años que vienen, os deseo que sigáis abriendo bien los ojos.
Que miréis con atención todo lo que la vida os dará.
Los lugares a los que os llevará.
Las personas que conoceréis.
Y todas esas pequeñas felicidades que casi podríais no notar si vais demasiado deprisa.
Y dentro de veinte años, cuando miréis hacia atrás todo este camino, espero que podáis miraros y deciros:
«No cambiaría nada».
Y quizá que, a pesar de todo lo que haya cambiado a vuestro alrededor, conservéis todavía esas mismas ganas de vivir, esa misma pasión por la vida, esa misma complicidad.
Y cuando lleguen las tormentas —porque las habrá, como las hay en todas las vidas— os deseo que sigáis siendo el uno para el otro ese faro del que habéis hablado.
No para impedir las tormentas.
Sino para saber siempre dónde encontrar la luz.
Así que, por vosotros dos, por esta aventura y por todos los años que os esperan.
Y ahora, delante de todas las personas que os quieren y que están aquí para compartir este momento con vosotros, podéis comenzar esta nueva parte de vuestra historia, como marido y mujer.